viernes, 5 de agosto de 2011

La Cultura de la Inestabilidad

Como canta Bob Dylan, algo está pasando... pero no sabemos qué es. Los titulares de Internet, redes sociales y diarios vienen cocinando las diferentes etapas de la crisis económica, iniciada en Estados Unidos en 2008 y expandida a lo largo del tiempo a Islandia, Irlanda, y más recientemente Grecia, Portugal, España y ahora Italia.
En la última semana de julio hubo una sospechosa tregua, pero fue porque estábamos todos pendientes de la pelea política entre demócratas y republicanos, en los Estados Unidos, sobre elevar el tope legal de la deuda de la Unión Americana. Sin calmarse los ánimos sobre los Estados Unidos, en la primera semana de agosto el foco se puso sobre Italia, donde el magnate mediático Silvio Berlusconi lleva capeando temporales desde hace años. Por cursos paralelos, hubo que absorber el escándalo alrededor de News of the World en Gran Bretaña y el atentado en Noruega. A nivel latinoamericano, cada uno de nuestros países tuvo su cuota de noticias estremecedoras, en mayor o menor grado pero todas para el sobresalto.
¿Hay un patrón común en todo esto? Los gobernantes parecen ni siquiera pensar en esta posibilidad. Con asombrosa uniformidad, se están aplicando remedios del pasado para dolencias del futuro. No es de sorprenderse que estos paliativos estén fracasando: si buscamos en la historia mundial de los últimos tres años, no hay un conflicto que podamos decir que haya sido solucionado. Muchos, la mayoría, han empeorado.
Podríamos tener que enfocar las cosas desde un ángulo diferente. Por ejemplo, recién ahora algunos medios masivos se están aventurando a individualizar a los "inversores" que mueven a los "mercados" que producen estas crisis calificadas de espantosas. Sorpresa... son un puñado de empresas, que mueven millones de millones de dólares; se podría reunir a sus jefes en una cena y no haría falta un micrófono para hablarles. Y denominarlos "hackers financieros", por la similitud de lo que hacen con las invasiones a los servidores de computación.
El otro aspecto nuevo son las redes sociales. Hay teorías patéticas que hemos escuchado en los últimos días, como que 'reemplazan' a la memoria humana. ¿Para qué recordar algo si está en Google?, dicen. Por un lado, todavía es mayoría la gente que no tiene computadora en el mundo, y algunos de los peores conflictos se producen allí. Por el otro, Internet excita el sistema nervioso, no lo aplaca. Y las redes sociales apelan al subconsciente: Facebook es el ego, Twitter el chisme, Linkedin la codicia. En Estados Unidos, Reid Hoffman ganó miles de millones comparando las Redes a los Pecados Capitales, y todavía quedan pecados por explotar.
La sociedad mundial atraviesa por un período de inestabilidad: la Aldea Global de Marshall McLuhan se ha convertido en un hormiguero bajo la lluvia. La posibilidad de cada persona de conectarse con 300, 500 o 700 millones de personas está soliviantando los ánimos; los medios están superando a los contenidos.

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