La Corte Suprema de Justicia de la Nación mexicana, en un proceso no exento de avatares administrativos, confirmó la semana pasada la validez del adelantamiento del denominado "apagón analógico" de la TV mexicana para 2015, en lugar de la fecha original, 2021.
Si existe verdaderamente la intención de cumplir con este plazo, fijado por decreto del Presidente Felipe Calderón, la sociedad mexicana y en particular las autoridades se encuentran ante un fuerte desafío: convertir a TV digital las actuales emisiones de TV analógica, en un plazo exiguo: tres, a lo sumo cuatro años.
La principal ventaja de esta conversión será liberar para las telecomunicaciones móviles la franja de espectro que actualmente ocupa la TV analógica. En digital, la compresión de la señal permite ubicar varias veces la cantidad de señales que en el ancho de banda que requiere actualmente una señal analógica.
El problema actual es que aparentemente la mayor parte de los formadores de opinión locales consideraban que la SCJN iba a mantener la suspensión del decreto, lo cual dejaría mucho tiempo libre para meditar sobre esto. Cofetel había preparado un "Plan B" por el cual habría avances en la frontera con Estados Unidos, donde las emisoras operan ya en analógico y digital por la necesidad de llegar a los hogares en los Estados Unidos, y determinados centros urbanos, como manera de avanzar en el tema. Este plan, sin embargo, no permitiría habilitar los anchos de banda a nivel nacional que son tan valiosos para las empresas de telecomunicaciones móviles.
Al validar la SCJN el decreto presidencial, desaparecieron súbitamente seis años de plazo y hay que ponerse a trabajar ya, si se quiere cumplir con la orden. Por ejemplo, no hay proveedor de equipos que pueda fabricar y vender mil transmisores, mil antenas y mil torres en 37 meses, el plazo que resta para el inicio de 2015. La cifra surge de sumar a las emisoras actuales las que resulten de una o dos nuevas redes de alcance nacional, otra de las iniciativas actuales de Cofetel. Esto, para utilizar 2015 en poner en funcionamiento toda esa infraestructura al 1ro. de enero de 2016.
El otro problema es la necesidad de decodificadores (Set Top Boxes) para que los hogares puedan recibir TV digital en aparatos analógicos. En caso contrario, será imposible "apagar" las señales analógicas. Considerando la cantidad de hogares en México, los que ya tienen capacidad de sintonizar TV digital y los que cuentan con poder adquisitivo como para comprar el decodificador sin un subsidio oficial, podemos estimar que habrá que ayudarle a unos 17 millones de hogares. Igualmente valedero es el argumento de las emisoras no comerciales en el sentido de que carecen de los fondos necesarios para acelerar de tal manera el reequipamiento.
Los teledifusores privados, por su parte, no perciben una ventaja en transmitir en digital porque los anunciantes se resisten a pagar más por una imagen de mejor calidad para sus spots publicitarios. Además, la aparición de un mayor número de canales (Televisión Digital Terrestre) les plantearía a los privados una crisis semejante a la que vive la TV en España, donde se están fusionando emisoras de aire para subsistir, pese a que la red oficial TVE dejó de emitir publicidad en 2010 para facilitar el proceso.
Para financiar la migración a digital, entonces, habría que apelar a uno de dos caminos: destinar fondos públicos, sean del Gobierno Federal o de los Estados, o crear una operación financiera en la que los gastos de la transición sean pagados total o parcialmente con los fondos de un préstamo a ser cancelado con lo que se obtenga de subastar a las empresas de telecomunicaciones el ancho de banda que quede libre.
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